Los pasos que preceden a nuestra sombra

Volver al hogar,
al hogar paterno,
ese primero que se tuvo,
en el cual, y a pesar de haber fundado otro,
se sigue durmiendo diferente.
Nada es igual,
o no parece serlo.
Las paredes ven caer las ventanas
y, de alguna forma,
estas toman otra vida.
Algunos pájaros anidan en esas grietas,
porque donde un espacio se genera
siempre habrá alguien para habitarlo.
Seamos pequeños o grandes,
la vida nos recuerda nuestra insignificancia.
Ser parte de un ecosistema
jamás nos volverá sus dueños.
No es el pensar lo que nos vuelve superiores,
es el recordar poder sentir
lo que nos integra a nuestro mundo.
La vida siempre sigue.
La esperanza que nos recuerda el respirar
se transmuta, se transforma.
A un adiós le precede un nuevo camino.
No nos desprendemos de algo
para aterrizar en la nada:
nos desprendemos de nosotros y de los demás,
llevando tanto de estos con nosotros
como dejando de nosotros en ellos.
Si hay que dar un adiós,
que lo acompañe un beso,
y que ese beso
pueda cargar consigo
toda la tranquilidad de nuestra mirada.

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